Un colibrí extremo. Estrella de garganta azul, una especie endémica de Ecuador

Por Elisa Bonaccorso

Con una parte de su territorio en el hemisferio norte y otra en el hemisferio sur, Ecuador es un país pequeño entre gigantes. Atravesado por la Cordillera de los Andes, al oeste colinda con el Océano Pacífico, al norte tiene frontera con Colombia, y al este y al sur está virtualmente rodeado por Perú . Increíblemente, en apenas 256 km cuadrados, Ecuador tiene más de 1680 especies de aves. Para hacer una comparación interesante, Brasil tiene alrededor de 8 millones de kilómetros cuadrados y 1840 especies de aves.

A excepción de los seres humanos, es posible que las aves sean la Clase de seres vivos mejor estudiada del planeta. Aun así, de vez en cuando escuchamos que se ha descubierto una que otra nueva especie, especialmente en regiones tropicales poco exploradas. En Ecuador, sin embargo, por un par de décadas, parecían haberse agotado las posibilidades de encontrar nuevas especies. Desde 1999, cuando se describió a la gralaria jocotoco (Grallaria ridgelyi), un ave patilarga y escurridiza de los bosques nublados del sur oriente de Ecuador, era poca la esperanza de conseguir alguna nueva especie. Estábamos bastante convencidos de que ya contábamos con un inventario casi completo de las aves del país. Las nuevas especies para nuestra lista serían esas que de vez en cuando se pasan la frontera desde Colombia o Perú. Por todos esos años, veíamos con “sana envidia” como nuestros colegas describían decenas de sapos y ranas al año, y hasta un nuevo mamífero, el famoso “Olinguito”.

Un descubrimiento inesperado

En abril de 2017, un experimentado ornitólogo ecuatoriano (Francisco Sornoza) observó un colibrí de plumaje extraño… Muy parecido a la estrella ecuatoriana (Oreotrochilus chimborazo), pero con un color de plumaje que sugería que se trataba de un juvenil. Francisco compartió la foto a un grupo de la comunidad de “pajareros” de Ecuador, quienes respondieron que se trataba de algo raro. Francisco volvió al mismo sitio y esta vez obtuvo una foto increíble de un macho adulto, que parecía ser algo diferente. A partir de ese momento fue que me enteré de este gran hallazgo. Juan Freile, autor del libro Birds of Ecuador, me contactó para ver si yo podía hacer análisis genéticos que nos permitieran saber la identidad de los individuos de esa población. Juan y Francisco se juntaron a Jonas Nielsen, un experto en aves ecuatorianas, y fueron al lugar donde se había tomado la foto. Así, trajeron de vuelta los especímenes necesarios para una descripción completa. Con ellos, corroboramos que realmente se trataba de algo distinto: definitivamente era una estrella, pero posiblemente una nueva especie.

Con toda la emoción del caso, nos pusimos a trabajar rápido y duro para solucionar “la pregunta del millón”. Analizamos el ADN, las medidas y las diferencias de plumaje de esta posible nueva especie, haciendo comparaciones con los de las otras seis especies de estrellas. Casi en la recta final, completamos el trabajo con una descripción de cantos hecha por el legendario ornitólogo danés, Niels Krabbe, autor del libro Birds of the High Andes (Aves de los Altos Andes).

Una nueva especie de colibrí para Ecuador

Después de unos pocos meses de análisis, aunque no encontramos diferencias genéticas, de medidas o de cantos, el plumaje de esta ave era tan diferente que concluimos que se trataba de una nueva especie. También encontramos que está más emparentada, no con la estrella del Chimborazo como creímos inicialmente, sino con la estrella de Stolzmann (Oreotrochilus stolzmanni). La diferencia entre estas dos especies es leve en el color de la cabeza y el plumaje de las hembras, pero muy importante en el color de la garganta: azul índigo en la estrella de garganta azul y verde brillante en la estrella de garganta verde.

Nuestro mayor argumento para sustentar la validez de la nueva especie, es que esta diferencia es muy importante en el reconocimiento de pareja. Para una hembra, el color de la garganta podría indicarle que se trata del macho “adecuado” (es decir, de su misma especie). Por lo tanto, una hembra de la estrella de stolzmann no se aparearía con un macho de la estrella de garganta azul y viceversa. Es decir, es muy probable que exista “aislamiento reproductivo” entre estas dos especies, si estas llegaran a encontrarse físicamente, lo que además es poco probable. Esto se debe a que ambas se encuentran separadas por una red de valles secos formados por los ríos León y Malacatos al sur de Ecuador. Para entender mejor si es posible que estas especies se encuentren físicamente, hicimos modelos que nos permitieron predecir si existe una conexión ecológica entre los sitios donde estas viven. La respuesta fue que no.

¿Qué sabemos de la estrella de garganta azul?

Como en todos los colibríes, los machos se aparean con las hembras sin aportar de ninguna manera a la cría de los pichones. Las hembras se dedican a la cría en áreas diferentes a los territorios defendidos por los machos. Como todos los colibríes conocidos, las hembras de la estrella de garganta azul pone dos huevos, pero a diferencia de las especies más tropicales, tienen un periodo de incubación bastante largo. Machos y hembras parecen depender de la planta Chuquiragua jussieui, comúnmente llamada chuquiragua, pero también se alimentan de plantas como la puya (Puya hamata) y otros arbustos (Macleania rupestris y Monnina sp.).

La vida de los individuos de esta especie es extrema como la de las otras estrellas ecuatorianas: viven en páramos, que son ecosistemas andinos de altura parecidos a la tundra, pero con una diversidad biológica mucho mayor. Allí, sobre los 3,000 metros de altitud, las bajas temperaturas y la falta de oxígeno, pueden generar condiciones extremas para la supervivencia. Las calorías consumidas durante el día son extremadamente valiosas, así que durante la noche cuando la temperatura baja aún más, estas aves entran en torpor. Es decir, reducen su metabolismo al mínimo para ahorrar energía y poder mantenerse vivas hasta el día siguiente, cuando puedan volver a comer. Sin embargo, a pesar de lo difícil que es la vida de las estrellas en general, la estrella de garganta azul vive en una situación aún más extrema. Esto se debe a que la transformación de su hábitat le hace cada vez más difícil conseguir sitios para comer, para dormir o para anidar.

Una carrera contra el tiempo

Uno de los problemas que enfrenta esta nueva especie es que tiene una distribución geográfica muy restringida en los páramos del sur de Ecuador. En Ecuador, los páramos se presentan en una configuración muy fragmentada, formando “islas” que están rodeadas por ecosistemas en altitudes menores, como los bosques andinos de altura y nublados. La estrella de garganta azul se encuentra en una “isla” de páramo relativamente pequeña. Inclusive dentro de esta “isla” el hábitat de la especie se está perdiendo rápidamente por la influencia del hombre. En este paisaje altamente fragmentado, el páramo se intercala con arbustales y bosques potencialmente beneficiosos para la especie, pero también con siembras de pinos, parcelas de pinos cosechados, pastizales para el ganado, pastizales en distintos grados de recuperación y pajonales de páramo afectados por pastoreo y fuegos constantes.

El paisaje de páramo altamente degradado donde subsiste la estrella de garganta azul. En el primer plano, el páramo en su estado natural, en un área de poco acceso para el ganado. En el segundo plano, en la parte más plana, el páramo pastoreado por ganado, donde la vegetación de pajonal nativo y arbustos son escasos.

Así, la situación de la estrella ecuatoriana es realmente crítica, por lo que fue categorizada como En Peligro Crítico bajo los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN. Para la descripción de la especie reportamos cinco sitios donde la especie fue observada entre 2017 y 2018. En 2019, cuando fueron visitados nuevamente, dos de ellos estaban quemados y ya no había chuquiraguas en el sitio (de acuerdo a un estudio en proceso realizado en colaboración con Juan Freile y Boris Tinoco, de la Universidad del Azuay) . Además, es posible que las áreas utilizadas por la hembras de esta especie se solapen poco. Si fuese así, puede que el poco espacio habitable que queda no sea suficiente para sostener muchos machos a la vez, poniendo un límite superior al crecimiento de la población.

Ante esta situación y en alianza con Conservación y Cultura Internacional, una ONG local, corremos contra el tiempo para tratar de contribuir a la conservación de la especie. En primer lugar, tratamos de comprender realmente cuáles son las características de la vegetación en los sitios que son usados por la estrella para comer, aparearse, anidar o descansar. Con este conocimiento queremos buscar más sitios donde no hemos detectado todavía a la especie e identificar los sitios más adecuados para darle una mayor protección (para protegerles de fuegos que dañan el páramo, por ejemplo). También queremos ubicar sitios que puedan ser regenerados utilizando plantas nativas, especialmente las más utilizadas en su alimentación. Sin embargo, no es fácil salvar a una especie como esta de la extinción sin ganarse la voluntad de las comunidades locales, por lo que todavía queda mucho por hacer.

Referencias
Carpenter, F. L. 1974. Torpor in an Andean hummingbird: Its ecological significance. Science 183:545–547.
Carpenter, F. L. (1976). Ecology and evolution of an Andean hummingbird (Oreotrochilus estella). University of California Publications in Zoology 106:1–74.
Crespo, F. I. O. (2003). Los colibríes: historia natural de unas aves casi sobrenaturales. Imprenta Mariscal, Quito, Ecuador.
Sornoza-Molina, F., Freile, J. F., Nilsson, J., Krabbe, N. and Bonaccorso, E. 2018. A striking, critically endangered, new species of hillstar (Trochilidae: Oreotrochilus) from the southwestern Andes of Ecuador. The Auk 135:1146 1171.

Nuestro equipo de trabajo para el estudio del hábitat de la estrella de garganta azul. De izquierda a derecha, Elisa Bonaccorso, Juan Freile, Boris Tinoco y Paúl Molina. Agustín Carrasco no está porque tomó la foto.

La autora.
Elisa Bonaccorso, nació en Venezuela y obtuvo su PhD en Ecología y Biología Evolutiva en University of Kansas, en 2007. Actualmente es profesora de la Universidad San Francisco de Quito, en Quito, Ecuador. Su investigación se enfoca principalmente en la filogenética, taxonomía y biogeografía de aves andinas, y cómo ese conocimiento puede ser utilizado para impulsar la conservación de especies y ecosistemas. También ha colaborado en diversos proyectos para definir áreas de importancia para la conservación en Ecuador, Perú y la Amazonía occidental.